miércoles, 3 de septiembre de 2014

AMOR, MIEDO Y ENTREGA


No es poco frecuente en muchas personas que se hayan encontrado en situaciones en las que topan con otras personas que les despiertan la chispa del amor y de la entrega. Lo interesante aquí es mirar aquello que se refiere a cuál es la actitud del otro ante una actitud de amor y entrega amorosa que se busca y no se espera.

Cuando se desata cierta pasión y cierta intensidad que se da de forma espontánea y natural de alguna forma u otra abrimos nuestra intimidad al otro y se abre en ese sentido una brecha en la cual surge la vulnerabilidad, es decir, recíprocamente se llega a una situación ante la que somos, de alguna forma u otra, conscientes de nuestra vulnerabilidad y nos podemos sentir lo suficientemente fuertes, embelesados, dichosos y confiados como para abrirnos al otro desde ahí. Abrirse desde la vulnerabilidad es de alguna forma u otra postrarse ante otro y expresarle cosas como:

 
- Mira, esta es mi herida, confío en ti y te la muestro.
- Mira, este es mi deseo, no tienes porqué satisfacerlo, te lo expreso.
- Mira, esta es mi carencia, esto forma parte de mí, es algo mío, lo comparto.
- Mira, esto que haces a mí me hace daño.
Y como estas cuatro hay infinidad, tantas como personas conscientes de si mismas de su pasado y de su presente.

Hay reacciones muy variopintas ante tal acontecimiento y despliegue de verdad, y cuando hablo de verdad hablo de quien se muestra desde su defecto, desde su carencia, desde el reconocimiento de estar incompleto, desde lo no satisfecho, a fin de cuentas desde lo que de alguna forma u otra determina o hasta ese momento ha determinado su vida y sus relaciones. Es un movimiento que surge del amor incondicional y atraviesa de alguna forma u otra al “yo” condicionado de quien lo emite para atravesar al “yo” condicionado del otro y llegar hasta su amor incondicional. Ese es un momento importante, prácticamente sagrado pues quien toma esa posición se dispone a una catarsis y pone al otro en una disposición de catarsis. Como catarsis me refiero a poder representar de nuevo la tragedia que originó nuestro carácter y nuestra forma de percibir el mundo, aquello que nos marca de por vida y que nos configura.


La verdad en sí, nos puede doler, lo que no va a hacer es matarnos.

VEAMOS UNAS POCAS REACCIONES
- Una de las reacciones más interesantes que hay es la del rechazo a ese movimiento con la justificación o el pretexto “Es que no quiero hacerte daño” que normalmente surge más como reacción y respuesta automática que como una verdad interna del que lo dice. Es una respuesta dañina y poco adecuada en varios sentidos.
- Otra reacción es la fuga... flum! El otro desaparece y eso deja al emisor con una terrible sensación de indignidad, vacío, soledad y tristeza.
-Existe otra que consiste en quedarse como sorprendido y preguntar ¿qué te pasa?, la cual se parece mucho a la primera. A diferencia de que en la primera existe por lo menos un atisbo de consciencia de lo que se está hablando en esta hay una insensibilidad obvia.
- “No queremos lo mismo” o “Nuestras necesidades no coinciden”. Aquí lo que resulta curioso es que si no existe esa necesidad entre los dos uno se puede lanzar la pregunta ¿Entonces qué hacemos en esta situación? Si hemos llegado hasta aquí los dos ¿no es porque queríamos ambos?
- Hay otro tipo que es la del vampiro o vampira que se nutre de los juegos previos y que antes de llegar a la consumación se retira. Solo le interesa jugar para inflar su ego, no para sanar su herida.

A cada quien que lea esto supongo que le abrirá algún recuerdo cuanto menos doloroso, en otros sentirán culpa. Para mí las causas que hacen que estás personas reaccionen de esta forma a las muestras de afecto u amor me suscitan y despiertan interés, tanto como el hecho de que haya personas que se queden en una espera melancólica o en shock ante el sentirse rechazadas en lo más íntimo.


Casi todas las reacciones atrás expuestas son, bajo mi punto de vista y bajo el punto de vista de algún otro colega, reacciones fóbicas a la entrega amorosa y a un amor que roza lo pueril, lo infantil, que al mismo tiempo muestra la capacidad de retornar, aunque sea por un breve lapso de tiempo, a un momento vital en el que se vive en la inocencia y en el amor incondicional.


También esas reacciones dan a pensar que muchas personas hoy día van por la vida queriendo mantener el control sobre lo que sienten cuando a lo sumo lo único que pueden hacer es reprimirlo, como si pudieran evitar así el volver a dañarse sin darse cuenta que el daño ya está hecho y que esconder su herida les inhibe de sentir y percibir la belleza y lo que la vida les pone ante sí y que les brinda una nueva ocasión para sanar.

El encuentro entre dos seres que abren su corazón el uno al otro, aun siendo algo pequeño dentro de nuestras vidas, es de suma importancia en nuestros días, en estos días de individualismo, materialismo, cambios acelerados de valores, injusticia y carencia. El concepto del amor restrictivo a la antigua usanza ya no es útil y la “libertad” de elección que han ido estableciendo las modas y los cambios sociales desde hace décadas tampoco parecen resolver nada en concreto, por lo menos en lo que al momento actual se refiere.

Cada vez que nos topamos con un rechazo de estas características en nuestras vidas nos pone delante lo que tenemos irresuelto, pues lo que en el fondo casi todo el mundo parece temer es aquello que sin duda necesita y a lo que aspira en lo más profundo de su ser. De la privación y la represión de la necesidad a satisfacer de amar y de ser amado nace el anhelo sufriente de encontrar lo que perdimos, alcanzar lo inalcanzable, buscar donde no hay y condenarse al aislamiento que es el lado más lúgubre y oscuro de la soledad.

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