Al abrir un espacio de meditación me planteé escribir un poco sobre la motivación que me ha empujado a hacerlo. En el apartado actividades encontraréis mi teléfono de contacto y el mail para los grupos de meditación.
El precio de esta actividad es la voluntad.
VIDAS
VOLCADAS HACIA EL EXTERIOR
En
nuestro mundo, en este ajetreo que llamamos vida, estamos de alguna
forma u otra sometidos y sometidas a un constante flujo de
información, a un bombardeo constante de datos visuales que tienen
como función que deseemos esto y aquello prometiéndonos, a niveles
burdos y sutiles, que seremos más felices o más deseables.
¿Confundimos nuestras necesidades genuinas con deseos innecesarios?
Organizamos
nuestras vidas en torno a las obligaciones que asumimos como adultos
y adultas y que, de alguna forma u otra, nos imponemos a nosotros
mismos a través de este ente, que creamos y conformamos cada día, al
que llamamos sociedad. ¿Creamos y conformamos una sociedad en la que
nos podemos sentir en paz y tranquilidad?
Despertamos
casi cada día a una hora concreta, nos alimentamos a horas
concretas, vamos a trabajar a una hora concreta y salimos a otra hora
concreta. Disponemos de nuestro tiempo libre organizándolo en el
poco tiempo que nos queda quedando con los seres a los que queremos a
horas concretas y limitando ese tiempo hasta la hora concreta de ir a
dormir para repetir, ese mismo patrón, al día siguiente. ¿Se mueven
nuestras vidas al son de las agujas del reloj o movemos nuestras
vidas desde nuestras sensaciones internas que nos dicen que estamos
vivos?
LOS
SÍNTOMAS
Releyendo
lo que acabo de escribir con algo más de atención me he dado cuenta
de que, incluso mientras lo escribía, sentía cierto grado de
ansiedad. El retrato del hombre y la mujer occidentales parece más
bien el retrato de una sociedad accidentada donde somos víctimas y
verdugos de nosotros mismos y no nos damos cuenta de ello.
Parece
que el paraíso que un día se puso ante nuestros ojos se ha
transformado en una maquinaria imparable que no nos permite estar con
nosotros mismos y con nosotras mismas, posiblemente tampoco nos
permite un contacto genuino con los demás con tantas cosas danzando
por nuestra mente.
Nuestra
ausencia de silencio interior y la de nuestros iguales da como
resultado un cacareo constante donde acompañarse en silencio y mera
observación se ha convertido en algo poco usual. Ni si quiera en la
intimidad o al despertar nos damos descanso: ponemos la televisión o
la radio para llenar cualquier hueco de paz, no sea que nos
encontremos con nosotros mismos y no nos guste lo que veamos o no nos
guste lo que sintamos.
PARA
QUÉ MEDITAR:
Hay
diversas disciplinas de meditación o de terapias que ayudan a
restablecer el desequilibrio que hemos establecido como patrón de
normalidad. Algunas de ellas, como la Vipassana, nos sirven para ir
mucho más allá de lo cotidiano y limpiar impurezas que se hayan
lejos del alcance de nuestra conciencia. Otras como la Anapana se
quedan un poco más cerca, de hecho has de aprender Anapana para
poder realizar la meditación Vipassana.
Anapana
es una meditación centrada tan solo en la respiración:
- Nos ayuda a tomar conciencia del ajetreo mental al que estamos sometidos y que favorece el poder tomar un poco de distancia de ese parloteo incesante.
- Facilita la concentración y limita las divagaciones y las ideas locas dejándolas por lo que son.
- Permite que aquietemos la mente para lograr espacios de silencio en nuestro interior .
- Favorece retirarnos un poco del mundo exterior mejorando el contacto genuino con nosotros mismos.
- Mejora nuestra capacidad para ser ecuánimes ante nuestros conflictos y ante el mundo exterior.
La
decisión no está por ahí fuera, no hay que ir a buscarla, la
decisión siempre está en nuestro interior.
No hay comentarios:
Publicar un comentario