lunes, 20 de octubre de 2014

SOBRE LA ACTIVIDAD "GESTALT CREATIVA" Experiencia Integrativa a través de la expresión artística.


Gestalt Creativa es una actividad dirigida a todos los públicos. En ella se mezclan una pizca de meditación, expresión plástica y una pequeña dramatización.

No hace falta saber de pintura ni de dibujo, la creatividad no tiene nada que ver con el uso de técnicas, conocimientos y perfeccionismo. Tampoco hay que saber arte dramático o ser actor.

Meditación

La meditación nos sirve para contactar con nuestro cuerpo al mismo tiempo que, en circunstancias propicias, nuestra mente libere imágenes de nuestro subconsciente o inconsciente al consciente. También nos ayuda a situarnos en el aquí y ahora para poder sacar todo el jugo de la experiencia.

En la meditación como método de purificación, tanto las imágenes como los pensamientos, no son retenidas. En la meditación como método de purificación no nos debemos dejar atrapar por estas así como no las debemos rechazar.
En este caso dado que no es un uso para purificar sino que se usará la meditación como método exploratorio para encontrar algo que queremos representar o algo que queremos plasmar en forma de expresión artística.

No se usará meditación Vipassana pues no soy maestro como para guiar en ese tipo de meditación. Se usará la meditación Anapana.



Expresión Plástica

La expresión plástica nos servirá para realizar una representación gráfica de aquello que ha surgido en la meditación. Ya sea sensación, imagen o pensamiento.

La expresión plástica nos facilitará la expresión no verbal de aquello que esta en nuestro interior y nos servirá para después compartir eso que esta dentro de nosotros, verbalmente, con las otras personas que conforman el grupo.

Esto servirá como un ejercicio de integración parcial.


Dramatización

Usaremos la dramatización para integrar la experiencia vivida con totalidad y hallar aspectos ocultos y puntos ciegos de nuestra personalidad o asuntos de nuestra cotidianidad que nos gustaría mejorar cambiar o hacer más conscientes, esto nos resultará útil a la hora de gestionarnos mental y emocionalmente.

También la dramatización nos puede resultar útil para mejorar nuestra capacidad de expresión o poder desbloquear cualquier tipo de emoción que esté reprimida.


La otredad (el grupo)

Gestalt Creativa ha sido testeada con dos personas pudiendo ampliarse hasta más o menos unas diez personas.

El grupo resulta útil en el sentido de poder amplificar lo que se vive en la experiencia y nos ayuda a confrontarnos a nosotros y nosotras mismas, nuestros miedos, nuestras vergüenzas, nuestros excesos o dificultades ante los demás.

Los objetivos de la actividad pueden ser diversos, siempre dependiendo de en qué andan las personas que la realizan:

- Tomar un tiempo y hacer algo para mi.
- Dejar de pensar.
- Expresar las cosas que me suceden y no me permito expresar.
- Cerrar asuntos inconclusos que voy arrastrando.
- Conocerme un poco más desde otra perspectiva.
- Integrar aspectos rechazados de mi personalidad.
- Encontrar formas genuinas de hacer frente a lo que me pasa.

Recuerda consultar las fechas en las que se realizan en las actividades en el apartado Actividades, en la página web de Maitia o buscando el evento por facebook.

Muchas gracias por tu atención.

lunes, 13 de octubre de 2014

LA INCAPACIDAD PARA ACEPTARSE A UNO MISMO



No hace mucho conocí a una persona que me sorprendió lanzándome un juicio que me dejó bastante parado. Relataré la historia para que tú que lees esto, más allá de emitir un juicio u opinión, contemples a través de mis ojos el mundo en el que vivimos y como se entraman las relaciones personales dentro de nuestra realidad social.

Los sucesos

Me desperté después de tener este sueño:

“Salía a tocar el bajo a un escenario con unos amigos, al salir a escena me daba cuenta de que me faltaba la cuerda “MI” que viene a ser la cuerda más gruesa del instrumento. A parte del estrés que me suponía tener que encontrar la notación y la melodía sin dicha cuerda me invadió una sensación de desasosiego importante.”

Así que al despertarme me sentía triste y tras realizar las actividades cotidianas tomé el tren hacia el trabajo. Como terapeuta, en el trayecto, estuve indagando lo que me decía el sueño de mí. Hay sueños que enmascaran muy bien el contenido, por contra este sueño era especialmente claro y significativo. No tuve que darle muchas vueltas, con lo obvio del sueño y lo simbólico era suficiente. “A mis herramientas de expresión, a mi yo, le falta lo que a MI me pasa”.

Así que seguí con la tristeza tomando conciencia una vez más del mundo en el que vivo y de lo aislados y separados que estamos los unos de los otros. Consciente de mi propia dificultad en aquel momento para expresar lo que me pasaba. Al llegar a la puerta del trabajo se hallaban tres compañeros del trabajo, para ser más exactos dos chicas y un chico. Todos trabajamos en aquel momento en infancia. Se desarrolló esta conversación:

Otros - Hola. Buenos días.
Yo - Buenos días.
Otros - ¿Como estás?
Yo - Pues he tenido un sueño en el que le faltaba la cuerda MI a mi bajo y estoy triste.
Otros - ….........

Al cabo de unos días una de las compañeras presentes me soltó el juicio al que me refiero al principio de esta entrada. La cosa fue más o menos así:

Ella - Tú no sabes relacionarte con la gente.
Yo - ¿¿¿??? ¿Me puedes poner un ejemplo de eso que me acabas de decir?
Ella - Pues el otro día en el bar dijiste que estabas triste y hablaste de tu sueño. Y todo el mundo se quedó callado.
Yo - Se me preguntó como estaba o que tal y contesté la verdad. ¿Que tiene eso de malo? ¿Que tiene de malo contestar lo que a mi me pasa en ese momento?
Ella - ¿Que esperabas que te dijéramos?
Yo - En realidad nada. Solo expresé lo que me pasaba.

No tardé en darme cuenta que lo que en mi sueño se ponía de manifiesto era una realidad social que durante años siempre me había llamado la atención y me había hecho sentir como un extraño entre la multitud.
La gente no habla de si misma con normalidad: los sentimientos, las emociones, los pensamientos... no se comparten, mucho menos los que son tabú o vergonzantes en nuestra sociedad o, por decirlo de otra manera: aquellos que son mal vistos o que nos sitúan en una posición aparentemente vulnerable ante los demás.

Más allá de seguir girando alrededor de mi propio ombligo asumí que la paradoja que me presentaba mi sueño no era solo un tema individual mio, era un problema de carácter social. Esto definía una vez más la necesaria función de la terapia y de la necesidad de extrapolar al mundo lo que se da en terapia.

Hablé con más de una persona y de un colega sobre este asunto y la mejor respuesta me la dio un colega: “Si expresas algo que la gente no gestiona bien en si mismo tiende a removerlos, hace que vean su propia relación con la tristeza y quizá es algo que no quieran ver”

Es verdad. No pude negarme ante tal afirmación. Esto me llevó a plantearme el escribir estas lineas y las que siguen.

Las conclusiones

Más acá de las formas y convenciones sociales existe el mundo de lo interno y de cómo vivimos las cosas, lo que nos pasa. Hablo del mundo de las sensaciones y de las autopercepciones, el como nos percibimos como seres sensibles a nuestro medio y a nosotros mismos, hablo de lo que nos enaltece y nos capacita como seres humanos, hablo o más bien escribo sobre la conciencia de nosotros mismos.

En nuestra capacidad de gozo, de disfrute y hedonismo parece que los occidentales hemos arrinconado aquellos sentimientos reales y genuinos y las emociones que los acompañan en un lugar de privacidad y aislamiento.
Parece que hay una serie de admoniciones que predominan y que son acompañadas del “a vivir que son dos días” que guarda un tenebroso mensaje de fondo “Nadie te va a querer si estas triste”, “A nadie le importa tu tristeza”, “No es bueno estar triste”. Parece que, según lo que me dicen el individuo realmente adaptado es aquel que oculta sus sentimientos y que la expresión de los mismos, ya sea verbal o emocional, es una forma de relación social disfuncional.

Así pues parece que:

La libre expresión de un sentimiento y el estar en contacto con uno mismo y con lo que le pasa no es socialmente aceptable”

Recordando aún más la conversación esta el comentario añadido ¿Que esperabas que te dijéramos?, como si en todo la intención fuera manipular a los demás más allá de contestar a la pregunta “¿Como estas?”. No niego que en realidad quizá un abrazo, una caricia o un apretón en el hombro me hubieran sentado de perlas aunque el sueño en sí solo me situaba en la necesidad de auto-expresión, me situaba en la necesidad no solo de estar en contacto conmigo mismo sino de expresarlo, de compartir lo que me pasaba con los demás.

Parece ser, entonces, que lo socialmente aceptable es relegar el mundo interior a las sombras, a no sacar aquello que nos pasa a la luz, a dejar que aspectos de nuestra personalidad y sucesos que nos afectan existencialmente se pudran en el subterráneo de lo inconsciente y de la inexpresividad. Parece que el hecho de ir por la vida con una sonrisa nos da más validez que mostrar nuestras lágrimas, nuestro dolor o nuestra tristeza.

Parece ser que es mucho más aceptable socialmente mostrar una sonrisa al más puro estilo de natación sincronizada y mantener hábitos robóticos a diestro y siniestro que mostrarse tal cual somos en cada momento, con lo que sea y como sea.
Me entristece en cierto modo pensar que realmente hay algún beneficio en aislarse detrás de una proyección social y una apariencia, del todo o parcialmente, irreal.
Me entristece porque lo que me dijo el mundo en esta ocasión, como en otras, es que parece que como individuos sociales condenamos nuestra totalidad del momento inmediato y de nuestra comunicación real respecto a nosotros mismos en beneficio de la compostura y la gloria de un “yo” (un yo en realidad sometido) que se cuida muy mucho de gustar a los demás y de no mostrar ninguna brecha.

Este yo sometido, tan desarrollado en nuestras sociedades, parece querer controlar una puerta al reconocimiento de la pequeñez, la desnudez y de la insignificancia humana. Siendo, estas tres facetas, caminos que nos llevan como seres humanos, en realidad, hacia la fuente de la virtud, de un poder más elevado y divino que subyace en nosotros mismos y que nos aleja de los ideales, nos hace conscientes de nuestras imperfecciones, de nuestros vicios, nuestra falsedad, nuestro autómata, nuestra máscara y que nos orienta de alguna forma a la aceptación de las cosas tal como son. De alguna forma u otra el dolor, la tristeza y la conciencia de finitud, paradójicamente, nos acercan mucho más al cielo que a la tierra.

Vamos cerrando

¿Que tiene que ver este escrito con su título?

Aparentemente nada, pero permitidme una pequeña muestra de la aceptación de mi propia locura. Algunas veces quiero decir o escribir sobre algo y me sale lo que me sale. Puedo dar vueltas y divagar y mis palabras pueden acabar en un lugar donde posiblemente no hay significado ni relación alguna entre lo que anuncio y lo que escribo. Mis disculpas, no lo hago a propósito.

Soy tan complejo como para divagar y ser indirecto, soy tan sencillo y tan directo como para expresar lo que me pasa con los resultados ya arriba mencionados.
He aceptado también que no todo el mundo me va a comprender, sea en la vertiente que sea de mi personalidad. 

Siento que a medida que pierdo la esperanza en ser comprendido aumenta la capacidad de comprensión de las personas a las que realmente les importo.
Siento, también respecto al escrito, que a medida que me doy cuenta del descuadre que tengo respecto al mundo me voy poco a poco comprendiendo más a mi mismo y en consecuencia a los demás... y ese quizá es uno de los mayores regalos que uno se puede hacer.

Como me dijo hace poco mi sobrina mayor:

¿Te das cuenta de que muchas veces hablas como con acertijos?
A lo que contesté, que si, que era verdad... ¿o igual admití, sin más la posibilidad?

Así que os dejaré a vosotros y a vosotras mismas encontrar relación alguna entre lo escrito y lo anunciado. Es posible que en el proceso os encontréis a vosotros mismos.

Un fuerte abrazo.