Ayer
fue el día de la mujer trabajadora. Aún no siendo un gran amigo de
la cultura (en mayúsculas) puse una mera felicitación a las mujeres
en general, en mi muro, en Facebook. Nadie me hizo ninguna mala
contestación pero en el canal de noticias había un poco de todo...
sobre todo.
Como
soy así de “defectuosillo” y un hecho inmediato suele enlazarme
mentalmente con un hecho o situación del pasado recordé mi
exposición en un taller monográfico impartido por Jaume Cardona.
Se
trataba de un sueño arquetípico en el que emprendía un viaje
alejándome de la mujer y del secuestro emocional de la misma para
encontrar mi lugar en el mundo, este viaje se realizaba en solitario
y pasaba por diferentes fases de mi existencia y en diferentes épocas
de mi vida hasta que encontraba un lugar entre los hombres que me
dejaban en un lugar sagrado, en soledad.
Los
significados del sueño en sí guardaban relación en parte con mis
estructuras parentales, la sorpresa se la llevaron las mujeres que
asistían también al taller y aún se sorprendieron más cuando
gran parte del resto de hombres del grupo fueron presentando sus
sueños.
En
esos sueños los hombres aparecíamos secuestrados, temerosos y/o
machacados por las figuras femeninas de su infancia, y por norma
general la figura masculina era algo ausente, difuso y/o desvirtuado.
Los
hombres a nuestra vez fuimos testigos de lo mucho que habían sufrido
ellas también a manos de los hombres.
Mientras
escribía esto he decidido ir a ver si dos compañeras de aquel
taller habían colgado algo en sus muros personales sobre el asunto
del día de la mujer, la verdad es que esperaba encontrar una mera
felicitación como la mía pero no se han molestado ni tan si quiera
en eso. No han dicho nada y, mirando este ahora, me doy cuenta que en
aquel taller se abrió una brecha entre nosotros y ellas.
En
algunos casos la ampliación de la consciencia desdibuja esa frontera
polar donde “los hombres son...” y “las mujeres son...”. Como
hombre, antes y después de aquellos monográficos donde la
comprensión y la compasión arrasaban con la cultura y con las
experiencias pasadas que nos mancillaban la imagen que teníamos de
nuestra otredad complementaria, me ha tocado sufrir la herencia y/o
carga que las mujeres arrastraban del viejo régimen y de sus
vestigios en sus anteriores parejas o maridos y, como no, de sus
ancestros.
Quizá
por eso, ayer felicité a las mujeres en general y hoy a mi y a otros
tantos en particular por seguir queriendo alejarme de la cultura, que
lo impregna y envenena todo, para aportar mi grano de arena creando
otra cultura un poco más sana. Como decía un loco muy cuerdo “Vayan
a terapia, a mi me fue bien, en serio”.
Un
abrazo a hombres y mujeres por igual.