martes, 29 de septiembre de 2015

MEDITACIÓN ANAPANA EN SEKVANTARO


Al abrir un espacio de meditación me planteé escribir un poco sobre la motivación que me ha empujado a hacerlo. En el apartado actividades encontraréis mi teléfono de contacto y el mail para los grupos de meditación.

El precio de esta actividad es la voluntad.

VIDAS VOLCADAS HACIA EL EXTERIOR

En nuestro mundo, en este ajetreo que llamamos vida, estamos de alguna forma u otra sometidos y sometidas a un constante flujo de información, a un bombardeo constante de datos visuales que tienen como función que deseemos esto y aquello prometiéndonos, a niveles burdos y sutiles, que seremos más felices o más deseables. ¿Confundimos nuestras necesidades genuinas con deseos innecesarios?

Organizamos nuestras vidas en torno a las obligaciones que asumimos como adultos y adultas y que, de alguna forma u otra, nos imponemos a nosotros mismos a través de este ente, que creamos y conformamos cada día, al que llamamos sociedad. ¿Creamos y conformamos una sociedad en la que nos podemos sentir en paz y tranquilidad?

Despertamos casi cada día a una hora concreta, nos alimentamos a horas concretas, vamos a trabajar a una hora concreta y salimos a otra hora concreta. Disponemos de nuestro tiempo libre organizándolo en el poco tiempo que nos queda quedando con los seres a los que queremos a horas concretas y limitando ese tiempo hasta la hora concreta de ir a dormir para repetir, ese mismo patrón, al día siguiente. ¿Se mueven nuestras vidas al son de las agujas del reloj o movemos nuestras vidas desde nuestras sensaciones internas que nos dicen que estamos vivos?


LOS SÍNTOMAS

Releyendo lo que acabo de escribir con algo más de atención me he dado cuenta de que, incluso mientras lo escribía, sentía cierto grado de ansiedad. El retrato del hombre y la mujer occidentales parece más bien el retrato de una sociedad accidentada donde somos víctimas y verdugos de nosotros mismos y no nos damos cuenta de ello.

Parece que el paraíso que un día se puso ante nuestros ojos se ha transformado en una maquinaria imparable que no nos permite estar con nosotros mismos y con nosotras mismas, posiblemente tampoco nos permite un contacto genuino con los demás con tantas cosas danzando por nuestra mente.

Nuestra ausencia de silencio interior y la de nuestros iguales da como resultado un cacareo constante donde acompañarse en silencio y mera observación se ha convertido en algo poco usual. Ni si quiera en la intimidad o al despertar nos damos descanso: ponemos la televisión o la radio para llenar cualquier hueco de paz, no sea que nos encontremos con nosotros mismos y no nos guste lo que veamos o no nos guste lo que sintamos.


PARA QUÉ MEDITAR:

Hay diversas disciplinas de meditación o de terapias que ayudan a restablecer el desequilibrio que hemos establecido como patrón de normalidad. Algunas de ellas, como la Vipassana, nos sirven para ir mucho más allá de lo cotidiano y limpiar impurezas que se hayan lejos del alcance de nuestra conciencia. Otras como la Anapana se quedan un poco más cerca, de hecho has de aprender Anapana para poder realizar la meditación Vipassana.

Anapana es una meditación centrada tan solo en la respiración:

  1. Nos ayuda a tomar conciencia del ajetreo mental al que estamos sometidos y que favorece el poder tomar un poco de distancia de ese parloteo incesante. 
  2. Facilita la concentración y limita las divagaciones y las ideas locas dejándolas por lo que son. 
  3. Permite que aquietemos la mente para lograr espacios de silencio en nuestro interior .
  4. Favorece retirarnos un poco del mundo exterior mejorando el contacto genuino con nosotros mismos.
  5. Mejora nuestra capacidad para ser ecuánimes ante nuestros conflictos y ante el mundo exterior.

La decisión no está por ahí fuera, no hay que ir a buscarla, la decisión siempre está en nuestro interior.

Xavier Angel Cebrecos

Sekvantaro: Página de Facebook.