martes, 26 de noviembre de 2013

Caminando en el claro oscuro de la vida: Actualizando en retrospectiva.




Últimamente he estado repasando a Freud, sin obtener un excesivo placer y sí reconociendo lo genuino de sus observaciones y “curas”.

Como Gestáltico una de las cosas que aprendes desde el observador interno es a poder ver lo inconsciente en lo fenomenológico. Algo que Perls criticaba del Psicoanalisis de esta forma:

No necesito ir a picar piedra al inconsciente cuando todo lo que necesito para una terapia lo tengo justo delante de mi”



Por la cuenta que me trae nunca rechazo ningún método que me permita ayudar al cliente en su percatarse dándole acceso a su inconsciente. Los métodos probados por mi hasta el momento ya los he citado con anterioridad en este blog, aunque no voy a dar muchos detalles los expondré más o menos como linea de vida:

  • Habiendo pasado por un buen chorro de especialistas en mi infancia y pubertad por el desajuste de la realidad en el que nací y crecí aprendí a mantener una actitud de rebeldía y reserva hacia el entorno que se estiró hasta la adolescencia. Es decir me mantenía distante y no reconocía en realidad el motivo de esa distancia con los demás. Me empecé a interesar por la libre asociación de ideas de forma natural.
  • A mis veinte años aproximadamente recuerdo mantener una actitud de observancia, en cierto modo neutra, sobre las personas y situaciones de las que me rodeaba. El enfoque, sin yo saberlo entonces, era de corte fenomenológico y se basaba en la observación de la conducta, más en la ajena que en la propia, aunque en aquella época mi hipersensibilidad hacía que lo propio se sobredimensionaba tanto que no me hacia falta mirarlo. Por otra parte, mi curiosidad por aquello que causaba y sigue causando sufrimiento a escala local y global me llevó a leer ensayos sobre política y filosofía y a escribir sobre ella hasta que topé con un espacio propio que me descolocó, “si es el egoísmo humano, sobre todo en el apego a lo material el que genera tanto sufrimiento: Yo que soy tan poco materialista ¿En que soy tan egoísta? ¿Cual es mi punto ciego?”
  • Una vez se acabo la adolescencia como norma social, a partir de los veinticinco años, y después de una dolorosa ruptura con la persona que había venido siendo mi compañera desde hacia seis años. La brecha que se abrió en mí me hizo acercarme, por un lado, a la gestalt por su enfoque confrontador y dionisíaco y, por el otro, a determinados enfoques del misticismo y el budismo.
  • A los treinta años acabé mi formación como terapeuta e hice el retiro de Vipassana y rompí con otra relación que se había extendido durante otros seis años.

El motivo que he comprendido que me generaba esa distancia con los demás y con el que viví durante la adolescencia era que podía ver en los demás, entre otras cosas, lo que los demás no querían ver de si mismos, algo que apunta a lo inconsciente.

Cuando los demás me exponían su infierno entre las mentiras que yo nunca me conté sobre mis “malas” acciones me dí cuenta y corroboro hoy, después de repasar a Freud, de que al ser dotado para reconocer y cargar con mis propias faltas (y unas cuantas faltas ajenas de paso) me doté a mi mismo de una capacidad un tanto peculiar de ser capaz de sostener cualquier cosa de carácter inmoral o contradictorio respecto a los valores que impregnan nuestra cultura y civilización que viniera de otro.

No es difícil comprender que Freud se sorprendiera, asombrara y diera una vuelta de tuerca al pensamiento de una época debido a su propio acto fallido en el funeral de su padre (en el que desmayó al darse cuenta de que lamentaba no haber sido él el ejecutor de la muerte del mismo).
Repasando el “Yo y el ello”, más allá de las teorías de las psiquis que elabora, uno se puede deleitar en reconocer que su trabajo se centró en todo aquello que era reprimido en sus pacientes como lo era, fue o seguía siendo en si mismo.

Mi primer terapeuta por elección personal me dijo, cuando empecé con mis propios clientes, que no tocara la sombra con aquellos que fueran menores de treinta años, hoy me digo que he vivido instalado en la sombra durante casi toda mi vida y sigo vivo, y mi opinión es que en muchos casos la clientela no tiene porqué ser protegida de si misma, proteger al cliente de si mismo es hacer que se mantenga en el lugar que lo ha traído hasta mí y a mí se me viene a ver para después irse.

De ahí quizá que las personas más sufrientes me vinieran a desvelar entre mentiras y medias verdades sus problemas y cargas de conciencia. Siento de alguna forma, dejándome llegar (cosa que me ha costado sobremanera) lo que me dice alguna gente, que en el fondo soy un pequeño punto de luz rodeado de oscuridad. Lo más interesante de todo es que nunca lo he buscado, sencillamente se ha dado y se me atraganta, en cierto modo, el hecho de que un montón de colegas quieran magnificar, contraponer e identificarse con la luz obviando su propia sombra.

Citando a Luís Carvajal, que creo que a su vez citaba a otra persona:

Si la neurosis es una miopía la psicosis es una ceguera”

Así que en alusión al párrafo anterior no se me ocurre una manera mejor de cegar a la gente que irradiándola con un “yo” identificado con la luz.
La luz incide en los cuerpos brindándoles una doble naturaleza lo que permanece a la luz como claro y luminoso y lo que permanece fuera de ella como sombreado y oscuro, es así como se realzan las formas y las figuras, es así el lugar donde se dá la vida humana. Es la zona oscura y sombreada la que permanece oculta y cuya negación y arrinconamiento comporta tanto sufrimiento.
Un terapeuta del signo que sea si no reconoce su imperfección difícilmente conseguirá que su cliente se de permiso para ser imperfecto, es decir, humano, para empezar.

Si alguien me pregunta desde donde me gusta relacionarme con la gente puedo decir que las relaciones más reales que he tenido son aquellas donde el otro ha sentido la confianza y la libertad de relacionarse mental, emocional e instintivamente desde si mismo y no desde su “yo”, uno de las dificultades que me he encontrado en eso es que acaban permitiéndose conmigo lo que debieran permitirse con el resto del mundo. Igual que hoy día no se debería reservar la terapia para la gente enferma, lo que se llega a dar en la consulta a nivel relacional no debería quedarse limitado a ese espacio.

Fuera de terapia y dado que una relación conmigo es de por si terapéutica, hecho con la que estoy cortando, muchas veces he sido acusado de poner a alguien entre la espada y la pared cuando era otra persona la que lo estaba haciendo, e incluso se me ha acusado de instigar algo relacional cuando era cosa de dos, o más, y yo tan solo era una parte integrante. En dichos casos solo he podido tomar responsabilidad por mi parte y, con dificultad, asumir que el otro era incapaz de acoger en sí su porción de la misma. Lo triste que se desprende de esto último es que al no tomar como propia su cuota de responsabilidad difícilmente pueden asumir el espacio de libertad que la responsabilidad les confiere.

Solo puedo seguir confiando en la vida y en mis aciertos y errores como un aprendizaje en un mundo que me mantiene entre el asombro y el aburrimiento, en un lugar donde por una absurda casualidad la vida humana se ha dado y nos ha encontrado a todos y a todas bajo el mismo sol repitiendo y repitiendo... despertándonos de sueños y pesadillas una vez y otra.

Identificarme solo con la luz,
identificarme solo con la sombra.
Ambas parte de un todo,
en su origen nada.

Identificarme con todo,
identificarme con nada.
Sin luces no hay sombra,
sin sombras no hay forma.

Yo soy, opera en la luz,
yo no soy, opera en la sombra.
Me miro en el espejo,
soy luces y sombras.

Una amiga me dijo un día “Tú eres un guerrero del corazón”, ante mi ignorancia e incomprensión decidí buscar en internet y encontré dentro de un resumen de un libro unas cuantas definiciones y referencias a dicho término de las cuales solo pude identificarme con esta:

De acuerdo con la tradición budista, un Guerrero es aquel que tiene el coraje de conocerse a sí mismo (incluyendo el lado oscuro) y también enfrentar sus propios miedos.


El resto de definiciones me causaban cierto rechazo puesto que inflaban de alguna forma u otra lo que desde mi punto de vista soy, en la actualidad, y era, en aquel momento. Solo con saber que alguien opina de mi tal cosa ya me hace darme cuenta de que estoy desde hace tiempo en un camino que pocas personas que conozca están dispuestas a recorrer... me viene a la cabeza el poema de Machado:

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
si no estelas en el mar.

Desde esa conciencia quizá tan solo me quepa asumir, humildemente, que mi función como terapeuta sea la de acompañar, a quien lo solicite, en los tramos más sombríos de su camino a fin de poder arrojar algo de luz sobre ellos y seguramente, de paso, algo de luz sobre el mío propio.