Después de haber
finalizado mi formación como terapeuta Gestalt y tras más de un año
de mi primera experiencia en el retiro de meditación Vipassana me
dispongo a intentar haceros llegar mis conclusiones sobre los
beneficios que estos dos métodos o disciplinas significan en la
actualidad para mi. Aclarar que como son métodos que se
experimentan, tanto la experiencia como la interpretación son
subjetivas, no hay mejor manera de averiguar si el método funciona
en uno mismo que experimentandolo.
Para entrar en materia,
sintiéndome más terapeuta que meditador, empezaré por hacer un
pequeño retrato de conceptos muy básicos de lo que sería la
terapia Gestalt y de los origenes del Análisis Bioenergético:
Siguiendo la
trayectoria de autores como Fritz Perls o Wilhem Reich uno llega a la
conclusión, después de determinadas lecturas (“El enfoque
gestáltico” de F.Perls y “ La Función del Orgasmo” de W.
Reich), de que el equilibrio saludable en el ser humano consiste en
la capacidad y la flexibilidad que éste posee para entrar en
contacto con una necesidad, satisfacerla y retirarse.
La
aportación de Reich lo contempla desde la función de tensión y
distensión del organismo: tensión que origina la apertura del ciclo
haciendo consciente la necesidad y distensión al haberla satisfecho.
Funciona como una polaridad en la que en un extremo tenemos la
tensión y en el otro la distensión.
Perls disecciona este
proceso en diferentes etapas y observa como ciertas perturbaciones
psíquicas interrumpen, en diferentes estadios, la satisfacción de
la necesidad. Relacionándolo con la afirmación arriba citada de
Reich, lo que observa Perls, es como se interrumpe el movimiento y la
fluctuación natural entre tensión y distensión, cuando dicha
fluctuación se interrumpe hablaríamos de un ciclo de la necesidades
perturbado y/o polarizado. Dicho sea de paso esas perturbaciones de
carácter individual e incluso colectivo pueden tener su origen en
causas exógenas (culturales, sociales,...) y/o endógenas
(aprendizajes y percepciones de carácter biográfico) al individuo.
Dichos autores, con los
cuales comparto a grandes rasgos mucho de lo que he aprendido por mi
experiencia vital, reconocen en la satisfacción de una necesidad,
mediante el contacto genuino con la misma, una fuente de salud. Quizá
por eso a muchas personas el carácter dionisíaco de la Terapia
Gestalt les resulta muy práctico y funcional para hacer consciente
su ciclo neurótico y poder establecer nuevas pautas de conducta que
facilitan el contacto genuino con sus necesidades.
Por eso la tendencia
actual por la que se reconoce a la Gestalt es como una terapia de
Contacto.
Si bien cabe ampliar el
concepto de “Terapia Gestalt como una terapia de contacto”, cosa
que haré más adelante, aquí es donde la experiencia del retiro de
Meditación Vipassana me ayudó a comprender la magnitud del asunto
pues, como buen buscador, no soy participe de quedarme con un punto
de vista concreto o encerrarme en un único marco teórico que se
preocupe por estudiar, comprender y mitigar los males que azotan la
psique, el alma y el espíritu humanos.
Si nos atenemos al
concepto sesgado de “la terapia Gestalt como una terapia de
contacto” entrando en contradicción con el mismísimo Perls, la
meditación Vipassana sesgada nos situaría en el extremo opuesto...
la Retirada.
Diez días de estricta
meditación, sin poder hablar, sin poder comunicarte o expresar,
escribir o dibujar, escuchar música o tener relaciones sexuales no
es algo a lo que muchas personas estén dispuestas a enfrentarse.
Esta confrontación con uno mismo y la ruptura tremenda de hábitos
compulsivos a los que por norma general nos sometemos tiene como
función comprender y experimentar estos tres preceptos o verdades
universales: la impermanencia, el sufrimiento y la ausencia de ego.
Para comprender y
experimentar estos tres fenómenos es necesario ese entorno estricto
y totalmente opuesto a lo que en Gestalt se vende como contacto, es
decir, aparentemente lo que se hace en Vipassana es Retirarse
completamente a uno mismo... y en parte esa es la clave puesto que
señala el otro lado de la cosa, el contacto pleno con uno mismo, el
retraimiento total hasta llegar a sensaciones muy sutiles que se dan
en uno mismo y consecuentemente se dan en todo aquello que a uno le
rodea.
Si la Gestalt cubre en
buenas condiciones la gestión de la agresividad y la responsabilidad
de salir al mundo a obtener lo que uno necesita facilitando un
contacto interno y después uno externo con la necesidad lo que la
Vipassana facilita y en lo que hace hincapié es sobre todo en la
gestión de la retirada. Una retirada de la cual se puede observar lo
impermanente de cualquier cosa, el sufrimiento que genera el apego a
eso que es impermanente y el reconocimiento del ego como una ficción
que nunca tiene suficiente y que, moldeada por el entorno y creada
por nosotros mismos, se ha convertido en nuestro amo en lugar de
nuestro siervo.
Una imagen que encarna
de una forma un poco exagerada al siervo convertido en amo la podemos
encontrar en Gollum, el personaje de El Señor de los Anillos de J.R
Tolkien, en última instancia es la compasión por esa creación y la
aceptación de que forma parte de nuestra vida lo que nos puede hacer
más amorosos con nosotros mismos y con los demás, siempre, claro
está, poniendo un límite y reconociéndolo como algo que es
funcional y que siempre malversará aquello que se puede considerar
genuinamente necesario. Dicho de otra manera la mente/ego siempre va
a dotar los objetos del mundo exterior como algo que, de alguna
forma u otra, le completa.
Desde ambas
experiencias vividas enteramente las dos muestran en cierta medida
una polaridad que abarca un gran conocimiento y entrama una gran
responsabilidad con uno mismo y con aquellas personas de las que uno
se acompaña en algunos tramos del camino.
Si quieres
experimentarlo de una forma un tanto burda (importante no hacerse
daño) sujeta tan fuerte como puedas un objeto con una de tus manos y
aguanta tanto como puedas, como si fuera tu vida lo que estas
agarrando, mira a ver que sensaciones se van produciendo en dicha
acción y ves hasta el límite, hasta que no te quede otro remedio
que soltarlo, sigue atento a lo que sientes tras soltarlo... y
después pregúntate con cuantas cosas, personas e ideas haces lo
mismo de forma inconsciente, si eres honesto al darte la respuesta
habrás empezado el camino, ahora puedes empezar a hacerte
responsable.

